Pero aparecieron de nuevo los guerreros en una cita tan importante como contra el siempre peligrosisimo y témido Estrella Roja.
Dicen que no hay en el mundo estadio donde el público te atemorice, te congele la sangre, te entumezca los músculos, te corte la respiración y te quite el habla como en el estadio de los de Belgrado. Sin embargo los hombres de Joan Plaza conquistaron su fortaleza, consiguiendo incluso lograr lo que nadie antes había hecho allí: enmudecer el estadio.



